Exceso de reflexión: El mal de nuestros tiempos

El estrés tiene otro nombre y es el exceso de pensamientos que nos atañen cuando viene la calma a nuestra cabeza. 

El exceso de reflexión nos convierte en los seres nerviosos que no deseamos ser. Los intentos por resolver las cosas dando vueltas a lo que nos pasa en nuestra vida y hasta lo que no, nos enloquece adueñándose de nosotros y haciéndonos sufrir, pero hay maneras de evitarlo y te digo a continuación cómo hacerlo. 

Identifica una crisis

Rumiar los pensamientos nos hace tener algún tipo de idea o de lógica equivocada. La telaraña de la mente es poderosa y produce cansancio que se queda estancado o sin capacidad de acción.

A menudo olvidamos caminar con soltura y permanecemos atascados en el círculo de nuestros pensamientos, a esto se le llama visión de túnel, la cual nos atrapa si lo permitimos y es complicado salir de este.

Vive el hoy y el ahora

Todos tenemos la fantasía de pretender dominar el mundo con el pensamiento y creemos que con ello vamos a solucionar todo lo que nos atañe desde el sitio donde nos encontremos y no, no es así.

De pronto, cuando los problemas vienen a nuestra cabeza, nos olvidamos de vivir la vida por el hecho de pasarla reflexionando sobre ella y la infelicidad llega. Curiosamente, cuanto más pensamos para no sufrir, más nos hace padecer nuestro pensamiento; y cuando sentimos ese dolor, más pensamos, lo que nos sume en el desconcierto.

Debido a este círculo, perdemos de vista lo sensorial y nos alejamos de todo aquello que a través de los sentidos nos conecta con la vida. La realidad, es que los conflictos internos pensando y pensando en encontrar soluciones, nos aleja de la realidad y peor aún, de la solución. 

Intentar obtener respuestas lógicas a cuestiones que no lo son tanto es humano, aunque mientras, las emociones y sentimientos se apoderan de nuestra mente y a veces, en su totalidad. 

Hay personas por ejemplo, que se dedican mucho tiempo a detallar los planes que la llevarán a ponerse en forma, sin actuar de verdad y con actuar me refiero a levantarte de donde estés sentado y hacerlo, mal bien, regular, pero materializarlo y por ende, esa persona se siente fracasada y viene acompañada de la frustración. 

La experiencia se aleja con el exceso de pensamiento

Por desgracia, a veces nuestra educación no ayuda y pensar que las cosas se obtienen de una forma en particular, nos trae desesperanza. Nuestra red neuronal forma un sistema maravilloso que nos permite investigar el mundo y vivirlo, pero conviene conocer sus limitaciones.

Al experimentar la realidad, no tanto para filtrarla a través del pensamiento, sino para ponerla en marcha, es lo que nos hace crecer en todos sentidos. Por su parte, la razón, cuando aparece en nuestra vida por la experiencia, nos provoca alejarnos de la misma y en lugar de experimentarla, sólo nos dedicamos a reflexionar acerca de ella. Por esa razón es que un niño que pasa a ser adolescente, se aleja de la vida de experimentación y se apega al hecho de necesitar ser aceptado, acertando en sus actos y agradar.

Cuanto más dura haya sido nuestra vivencia de la infancia, más probable es que nuestra necesidad de reflexionar, de asegurarnos, sea mayor. Tal vez por ello, para no sentir la incertidumbre, el no saber qué pasará, evitamos volver a lo sensorial a base de pensar y pensar.

En los cuentos tradicionales los personajes arquetípicos del Rey, el Héroe y el Hada expresan tres tipos de funciones del pensamiento.

  1. El Rey (o la Reina), que representa la reflexión, vigila que todo esté en orden en el reino para que haya prosperidad; en él se manifiestan las fuerzas de la inteligencia, la autoridad y la decisión.
  2. El Héroe, dispuesto a todo, encarna la conexión emocional con las cosas; sus fuerzas son el coraje y el compromiso.
  3. El Hada simboliza la fecundidad infinita que aporta el poder maravilloso de conseguir las metas.

De acuerdo a la metáfora anterior, podríamos dar por hecho que si pensamos demasiado nuestra función de Rey está teñida por nuestros apriorismos y creencias. A veces nuestro Rey interno, dando prioridad a su mente, se pierde el disfrute de reinar y de sentir y actuar haciendo más presentes los arquetipos del Héroe y el Hada.

Confía en ti 

Encontrar maneras de confiar en la propia intuición y practicar ejercicios creativos es parte de hacer que tu sabiduría real salga. Disciplinas como el yoga, la meditación, el mindfulness, la hipnosis ericksoniana o la PNL pueden ayudarte. Los deportes también fortalecerán tu mente y estimularán la espontaneidad en la vida cotidiana.

Las trampas mentales 

El filósofo griego Epicteto dijo: “Pensar en no pensar ya es pensar”.

Las trampas mentales creadas por un exceso de pensamiento son habituales, como recuerda el psicólogo Giorgio Nardone, y podrían agruparse en tres categorías:

  1. El control que lleva a perder el control. Sucede cuando se intentan controlar las sensaciones y emociones junto a sus reacciones fisiológicas mediante el pensamiento. Sería el caso de quien se limita a repetir fórmulas como: “No quiero estar ansioso, debo relajarme”.
  2. Pensar en no pensar. Equivaldría a pretender anular pensamientos incómodos o temidos pensando en otra cosa. Buscar respuestas correctas a preguntas incorrectas. En ocasiones una persona se afana en intentar encontrar respuestas certeras y tranquilizadoras a dilemas que no pueden resolverse pensando. En ese caso, por mucho que se reflexione, se estarán buscando las respuestas en el lugar equivocado, como aquel borracho que perdió las llaves y las buscaba bajo una farola “porque aquí hay luz”.

Evita pensar demasiado 

Pensar demasiado nos acarree numerosos peligros. Aunque intentar resolver los problemas tenga apariencia de perspicacia y capacidad reflexiva, es preciso tomar decisiones y llevarlas a cabo y, cuando lo hacemos, nos sentimos liberados.

Poner fin al pensamiento para pasar a la acción suena fácil y lo es si lo decides. Buscar ayuda de alguien con capacidad de acción en ese momento y aprender a volver al propio cuerpo pueden ser recursos válidos.

Cuando una persona está pensando demasiado y sufre lo que podría llamarse “la parálisis del análisis” y es la hora de identificar y actuar, pudiendo establecer un plan y realizar los primeros movimientos de esta manera obtendrá logros reales que le servirán de impulso. 

Piensa menos y vive mejor

Puede resultar útil:

  1. Practicar una actividad física. 
  2. Consultar a un profesional. Reconocer la debilidad y pide ayuda.
  3. Dedicar un rato estipulado a pensar. 
  4. Aceptar que no somos perfectos. La perfección no existe. 
  5. Un tiempo diario para retornar a lo sensorial. Práctica destinando un momento a ello.
  6. Descubrir la meditación o el mindfulness. Relativiza los propios pensamientos. 

Por: Azenet Folch

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