Di NO al ecoturismo no regulado, ni sostenible

Aunque es una práctica que deja una derrama económica importante a algunos sitios del país, su práctica afecta a las especies endémicas.

El ecoturismo, también conocido como turismo salvaje o de vida silvestre, recauda anualmente miles de millones de dólares, en los que safaris, la observación de ballenas y el buceo con delfines, definen a sus ecosistemas como los afectados.

La industria del turismo registró cifras récord en todo el mundo durante la década pasada. En 2014, 1,14 miles de millones de personas viajaron al extranjero. Ese aumento también se observa en el turismo de vida silvestre. La experiencia de observar a los animales en su hábitat natural está matando a los animales y su entorno; por ende, seguimos nosotros. Unos ejemplos claros son, Kenia, las Islas Galápagos, Indonesia o México. Sólo en el Parque Nacional Yala, el número de turistas extranjeros aumentó, según informó el gobierno. 

Pero esta situación no es una demencia de los activistas, es una realidad que si eres observador, la advertencia está en todos lados, falta mirara alrededor en los zoológicos por ejemplo y hacer en tu visita verdadera conciencia. En este tipo de recintos que sirven para la reproducción y conservación de las especies animales, son muy claros y directos a la hora de informar. Si acudes, verás que los letreros explican a la perfección que este tipo de práctica está acabando con las especies de algunas zonas, ya que tiene una influencia directa en los animales.

En el caso de los parques en Kenia, por ejemplo, las condiciones se deterioran con el tiempo debido a que los turistas tratan de observar los animales cada vez de más cerca. A los conductores de los vehículos en este tipo de sitios, les preocupa más recibir altas propinas, que llegan sin dudarlo cuando les muestran a los turistas las especies más famosas muy de cerca como el leopardo, el elefante, el oso y el búfalo. Estos avistamientos representan incomodidad para los animales que ante la nula aceptación de las reglas por parte de los coludidos cuidadores y los turistas rompen los protocolos del Parque y alimentan macacos, langures y jabalíes.

Ahondando en lo anterior, los alimentos que los curiosos turistas brindan a los animales, suelen salirse de su dieta habitual natural, lo que afecta negativamente a su salud, propagando así enfermedades de forma más rápida.

Uno de los ejemplos más claros es en los templos sagrados de la India, donde las especies de monos que habitan allí se vuelven incluso más agresivos, además de presentar  comportamientos para mendigar, que no se han mostrado previamente en los animales en completa libertad y su hábitat natural. 

¿Por qué sigue siendo un atractivo turístico?

El  turismo ecológico, es una manera de captar dinero de forma fácil y rápida. Este dejó ya de ser una alternativa para personas con una cuenta bancaria redituable y se masificó como nunca antes. 

Es una realidad, que el turismo podría proporcionar mayores beneficios que otras formas de uso de la tierra o de la vida silvestre y que los animales y a la naturaleza no terminen siendo víctimas de la insolencia humana. 

Michael Hutchins, miembro fundador y Director para la Protección del Medio Ambiente y de Ciencia de la organización “World Safaris and Safari Professionals.” explicó, “Esto se da especialmente en países en desarrollo, donde los beneficios a largo plazo del turismo salvaje, por ejemplo a través de la creación de nuevos puestos de trabajo y la afluencia de divisas extranjeras, puede superar a los beneficios a corto plazo del desarrollo”.

Nuevamente ponemos como ejemplo a Kenia, Fiyi y Palaos, quienes  ingresan millones o incluso miles de millones de dólares del turismo salvaje sin proteger sus recursos. 

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sólo el buceo con tiburones recauda anualmente 42,2 millones de dólares en Fiyi, 18 millones en Palaos y 36,6 millones en las Maldivas. A su vez, Kenia ingresa anualmente alrededor de mil millones de dólares con los safaris.

Es una verdad que los gobiernos han construido parques nacionales y áreas protegidas para minimizar la caza furtiva y otras amenazas de la vida silvestre, aunque falta por hacer mucho más en pro de las especies en peligro que cada día son más. A este tema Bradnee Chambers, jefe de la secretaría de la Convención del PNUMA sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, adgregó que “La industria turística se ha dado cuenta de que los animales salvajes generan mucho dinero y valen mucho más vivos que muertos”.

Por desgracia a lo anterior  y de acuerdo a un estudio financiado por “Natural Capital Project”, organización que promueve la protección de la biodiversidad y las inversiones más rentables, de los 600 mil millones de dólares que se estima que genera la industria del turismo, sólo se invierten 10 mil millones para la conservación de estas áreas – una cifra “extremadamente inadecuada”, mencionaron los autores.

La verdad de todo esto es que es necesario educar a las nuevas generaciones para que conozcan las implicaciones que conlleva ser parte del ecoturismo no regulado, ni sostenible, ya que es este el que golpea más fuerte a las especies de animales y sus ecosistemas, ¿Cuántos de nosotros no hemos visitado algún sitio donde los tours hechos por la misma gente del lugar los promueven sin regulaciones en sitios donde no debería existir la huella del ser humano? Hagamos conciencia.

Por: Azenet Folch

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