¡No! Los gorditos no deben ser aplaudidos, la Obesidad es una enfermedad que mata sin piedad.

Circula por las redes y brincan de boca en boca las campañas de “aceptación” de todos por igual sin importar sus preferencias, gustos, físico y tendencias; más una cosa es el “Respeto” y otra muy distinta la “complicidad” ciega ante problemáticas de salud que tienen como único camino seguro la muerte.

¡SÍ! Es cierto que no todos los organismos nacen configurados con metabolismos súper dotados para trasformar con eficiencia las calorías que se consumen a diario; sin embargo, una cosa es aceptar el cuerpo que nos toco sea grueso, mediano o chico con respecto a la complexión, y otra muy distinta a consentir la obesidad que hoy en día va en crecientes números tanto en la báscula como en la estadística.

Aquello de que los gorditos son lindos y empáticos es un concepto ambiguo que se ha instalado culturalmente para dar paso a un permisivo exceso y desorden en las costumbres alimenticias; lo peor es que este tipo de “creencias” sin fundamento real han impactado las fibras profundas de las sociedades reflejando a la larga el pago extra que nuestras mala praxis ha labrado. Enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, trastornos emocionales, problemas respiratorios, etc son muestra de nuestros malos hábitos. Además del sufrimiento de cada persona que vive atrapada en cuerpos que no le permiten desarrollar actividades físicas ni mantener, en muchos casos relaciones sanas con sus allegados.

La obesidad en Latinoamérica es una terrible realidad que golpea a países desarrollados como lo son Norteamérica, Canadá y México, dónde lo común es encontrar en cada esquina puestos de comida rápida o industrializada aunado a las fuertes campañas publicitarias que atentan ante la debilidad psíquica del antojo y la gula, se piensa antes en el negocio que en la salud. Lo que resulta incongruente ante las campañas que los gobiernos en tema de sanidad promueven en tanto a cuidar el peso, incrementar la actividad física, etc. El problema es más profundo de lo que se percibe y acepta e impacta en los bolsillos de grandes empresarios quienes mantienen sus riquezas y dan fuentes de trabajo produciendo comestibles bofos y con pobre calidad nutrimental; bebidas azucaras, papas fritas en toda la gama de presentaciones hechas con materia prima poco saludable, restaurantes de comida alta en calorías, etc.

Lo anterior citado se suma a los altos costos que representa asistir a un nutriólogo, pagar el régimen de dieta recomendado, el gimnasio, más atender los niveles altos de estima y voluntad son una montaña que termina por derrotar las ganas e inspiración de cualquier voluntario a perseguir una mejor calidad de vida; además de que los productos sanos son de sabor poco atractivo, termina siendo más practico salir a comprar comida de la esquina. Y esto abre paso a otro tipo de productos “maravilla” que de apariencia ofrecen soluciones casi mágicas y efectivas a la hora de bajar de peso, ¡así es!, me refiero al mercado de brebajes mágicos que prometen reducir kilos sin emplear un solo esfuerzo o sacrificio para lograrlo. Productos de “apariencia” que a la larga pueden cobrar factura del ensueño con terribles efectos secundarios.

¡No! Los gorditos no deben ser aplaudidos, deben ser apoyados y alentados a seguir un camino diario de sanidad en su praxis alimentaria, además de contar con espacios libres y seguros dónde las actividades físicas sean atractivas además de gratuitas. En realidad se trata de crear consciencia y hacer que ésta llegue hasta los sectores más altos de la sociedad obligando a los empresarios de monstruosos corporativos a re evaluar las materias primas y procesos con que se elaboran sus productos que tanto daño, muerte y sufrimiento causan a la sociedad que los “mantiene”; especialmente al sector infantil, semillas futuras de generaciones que prometen modificar la evolución fisonómica en tallas gruesas y cero atléticas por ende enfermas, a cada vez más, temprana edad.

Lileth Gazelle

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