El origen de las posadas ¿De dónde viene esta tradición?

Hoy, la posada es música, comida rápida o “chatarra”, alcohol y lo que surja. Total… es diciembre.

Dicen –con toda razón- que los mexicanos nos pintamos solos para eso de hacer fiestas. Nos estarán ahogando las deudas o que faltan reparaciones al depa o que requerimos de un nuevo guardarropa; eso, y más, pasa a segundo término, porque lo primero es lo primero, es decir, una posada.

 ¡Ah qué caray! Sin querer queriendo ya estamos en diciembre y a punto de entrar a un año más, a una nueva década, la década 20-20. Y claro que no pueden faltar entre los mexicanos las tradicionales y esperadas po-sa-das. Son como el desfogue, como la energía que acumulamos por 11 meses, como el reto al que enfrentamos y al que llegamos. Aunque las promesas sigan sin cumplirse…

¿Se han imaginado un diciembre sin posadas mexicanas? ¿Acaso ha pasado por su mente un diciembre sin la tradicional fiesta en la empresa donde trabajas y ver a tu jefe casi casi sin poder un paso más? ¿O abrazar a tu ex y decirle que fuiste un estúpido al dejarla ir y romper la relación? Las posadas sirven para eso y para muchas otras cosas más, como desbordar la alegría, celebrar por tener salud, trabajo, un buen auto, una deuda manejable, una familia bonita y unida… bueno, hasta soportar al perro, gatito o perico que tu pareja llevó a casa, solo porque así lo decidió y punto.

Y en todo ese marco de referencia que sucede año tras año, o mejor dicho, diciembre tras diciembre… ¿qué sabes de las posadas? ¿dónde tuvieron su origen? ¿cómo se realizaron esas primeras posadas? ¿por qué las posadas contemporáneas ya no son tan iguales como las de antaño?

Bueno, pues la historia nos dice que las famosas posadas -ya extendidas por muchos países- tienen su origen precisamente en México. Empero eran posadas muy conservadoras, muy apegadas a la religión católica, por lo que no existía nada de excesos y mucho menos fiestas que acabaran como hoy en día.

Aunque sobresale la versión de que casi a finales del siglo XVI, el fraile Diego de Soria logró el visto bueno del papa Sixto V para efectuar en la Nueva España las llamadas “misas de aguinaldo” que se desarrollarían del 16 al 24 de diciembre, lo cierto es que el mencionado religioso lo hizo con el fin de acabar con los ritos de los aztecas.

Nuestros ancestros, en ese mismo mes celebraban el arribo del dios Huitzilopochtli; esas festividades sí que duraban: del día 6 y hasta el 26. En las mismas se ofrecía comida los invitados y había bailes y, digamos, adornos para engrandecer las festividades.

Por ello, al triunfar los españoles y evangelizar a nuestros ancestros, las posadas tuvieron un tinte católico, lo cual se fue consolidando al través del tiempo; siempre, muy conservadoras las posadas.

No se sabe a ciencia cierta qué año o años fueron los que registraron unas posadas distintas a las tradicionales, pero todo parece apuntar que fue después del triunfo de la revolución de 1910 y ya con un México inmerso en la etapa industrial y en pleno desarrollo en las comunicaciones (ferrocarril y autos), las posadas se tornarían diferentes cada vez, cada año, cada diciembre.

Y ya a mediados del siglo pasado, ni se diga. Las posadas eran auténticos reventones en barrios, en colonias y zonas residenciales. Y aunque todavía se entonaban los cánticos “para dar posada” y se colgaban piñatas de siete picos para ser golpeadas y quebradas (eran piñatas con ollas de barro), hoy en día se está acabando esa tradición. Hoy, la posada es música, comida rápida o “chatarra”, alcohol y lo que surja. Total… es diciembre.

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