Veganismo ¿moda o estilo de vida?

Desde hace unos años, hemos visto un crecimiento significativo en la comunidad vegana en México.

Una vida sin queso, ni leche, ni miel, ni carne ni pescado ni mayonesa, básicamente es no consumir ningún producto que provenga de explotación o crueldad hacia los animales, lo cual incluye no solo alimentos derivados de ellos, sino también otros artículos de origen animal como el cuero y las pieles. Esto también implica el mundo de los cosméticos, ya que es una de las industrias que tiene el mayor numero de demandas por activistas veganos. Podemos decir libremente que el veganismo ha comenzado a tomar poder en la Ciudad de México.

Los 25 seguidores con que contaba el ebanista Donald Watson en Inglaterra cuando acuñó el término ‘vegan’ (vegano) en 1944 -si bien religiones como la hinduista hace siglos que lo practican- son hoy 250.000, y en Estados Unidos, según la revista ‘Times’, alcanzan ya los dos millones. Israel es el país más practicante

-un 4% de su población es vegana afirma la agencia France Presse-

y allí existen subgrupos como los vegays o veganos gays, así como movimientos estudiantiles que demandan la inclusión de menús veganos en las escuelas y los institutos.

En México el movimiento también va en aumento y ha impactado principalmente entre los adolescentes. Les mueven razones de índole sobre todo ético-políticas, así como una mayor concienciación medioambiental. 

“La juventud es el momento de la rebelión, de la contestación, de construir tus propios patrones de conducta y de reaccionar contra lo que consideras injusto”,

Pero qué duda cabe de que quien más publicidad ha dado a esta filosofía ha sido Hollywood, y concretamente artistas como Miley Cyrus, Jennifer Lopez, Natalie Portman, Demi Moore , Alicia Silverstone, a quienes muchos jóvenes emulan en su veganismo quién sabe si por sus principios morales o por sus cuerpos de infarto. En el caso de Cyrus, que lleva tatuado el logo oficial del movimiento vegano, todo empezó porque tenía un pez globo que cada vez que entraba en casa se ponía contento y la saludaba. “Era un animal inteligente”, ha explicado en una entrevista a un medio estadounidense, “entonces un día fui a comer sushi y había pez globo en la carta”. No ha vuelto a ingerir carne ni pescado desde entonces, y PETA, la asociación por el trato ético de los animales más importante del mundo, la ha nombrado la “vegana más vegana” de 2017.

En el caso de Alicia Silverstone, la actriz, defensora de la filosofía vegana desde hace años, la aplica incluso en la crianza de sus hijos. “Saber la verdad sobre el origen de lo que comía me dejó muy mal”, indica. “Una vez que empiezas, hacer algo que es tan bueno para la Tierra, para los animales y para ti es la mejor sensación, y ya no hay marcha atrás. Es obvio que tengo que alimentar a mis hijos de la misma manera”, añade.

Ser vegano es ‘cool’

McDonalds lanzó su hamburguesa vegetariana en 2015 y en los supermercados la oferta de sucedáneos de carne, barritas energéticas veganas, etc, va en aumento. Ser vegano es ‘cool’, aunque, sí nos dejamos llevar por el marketing sin profundizar en sus bases nutricionales, puede dejar de ser sano. El dietista y nutricionista Aitor Sánchez, autor de midietacojea.com, advierte de que “la base de la dieta vegana es la de todas: fruta y verdura fresca, grasas y proteínas saludables y pocos procesados”. Así, añade, “es como cualquier otra. Bien diseñada es saludable. Mal diseñada, no”. Sánchez recalca que “dietas restrictivas como la vegana generan incomprensión y dudas sobre su idoneidad desde el punto de vista nutricional, pero no hay ningún grupo de alimentos que sea imprescindible. Lo que no podemos hacer es quitarnos muchos a la vez. No se puede dejar de comer pescado, carne, frutos secos y legumbres porque entonces nos quedamos sin proteínas”.

“En el mundo vegetal se pueden encontrar todos los elementos necesarios para una buena nutrición, incluso algunos que asociamos con productos animales como el calcio, el hierro o el omega 3. La vitamina B12 es lo único imprescindible que se debe añadir a una dieta vegana“, explica Sánchez. El hecho de que algunos de los mejores deportistas del mundo sean adeptos respalda su tesis de que este tipo de alimentación puede ser tan saludable como cualquier otro. Venus y Serena Williams lo son -aunque han confesado algún escarceo con los huevos y la leche-, y también Martina Navratilova, que achaca su longeva carrera a su alimentación; Carl Lewis o Carlos Cuéllar, futbolista español del Maccabi Petah-Tikva. También Bill Clinton, Stevie Wonder, Adele, Enrique Bunbury y el actor Pablo Puyol.

Sánchez recalca la contradicción que supone que alguien “pueda sorprenderse de que otra persona coma lentejas cada día, pero no de que coma galletas”, apuntando a que son los usos sociales los que muchas veces llevan a la percepción de qué es saludable y qué no. En países hiperconsumidores de carne como España, este producto se asocia a una dieta sana: según el Ministerio de Agricultura ingerimos al año 51 kilos por persona, lo que nos sitúa a la cabeza a nivel europeo.

Sin embargo, la americana Aysha Akhtar, una de las principales representantes del movimiento vegano y animalista, neuróloga y especialista en medicina preventiva y salud pública, nos explica que “las principales enfermedades crónicas de los americanos tienen que ver con el consumo excesivo de carne, igual que la obesidad. Además, muchas epidemias infecciosas y pandemias tienen su origen en las granjas, auténticas fábricas de virus, con animales a los que inflan a antibióticos para que no enfermen”.

Añade que cada estadounidense come de media “el equivalente a 21.000 animales en su vida. A pesar de todo lo que hacemos por ellos, hoy en día sufren más que nunca por nuestra culpa”, dice. Y como buena vegana, recuerda: “Nuestra salud está inextricablemente unida a cómo tratamos a los animales”.

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