Tanatología “Día de Muertos”, cuando la energía tan sólo se transforma.

“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una dulce muerte.” (Leonardo da Vinci)

Sabemos que recordar es volver a vivir y a propósito de estas fechas en que la familia tradicional mexicana se reúne con el fin de rendir homenaje a sus raíces y orígenes, es que me empeño en describir los resultados diarios del proceso posterior a la muerte que sucede en los diversos núcleos sociales. Pensar que vemos y disfrutamos de obras creadas por autores que ya no existen más que en nuestros pensamientos y recuerdos de los cuales se guarda celosamente evidencia de su paso por la vida terrena, pareciera una locura; sin embargo es un hecho con el que el ser humano debe lidiar a diario.

La vitalidad y huella con que cada ser humano nace es única e irremplazable, tan real como el hecho de sentir en el ambiente la melancólica añoranza que adorna panteones y cementerios de la ciudad, caminar entre sus líneas observando rostros desconocidos con sentimientos no del todo procesados es el elemento central de este artículo. Hasta el día de hoy se conoce que la Tanatología como disciplina y herramienta del proceso al “buen morir”, se sirve de varios apoyos y conocimientos para aportar calidad tanto al enfermo como a los familiares que le rodean. Más el tema tabú de la “muerte”, parece continuar acechando las conciencias bajo el terror de no saber enfrentar la hora de la hora que nos depara a cada uno.

Desde el enfoque socio cultural es una verdad que todos asumimos y habremos de vivir en algún momento, sim embrago ¿estamos preparados para enfrentar el suceso?

Y no me refiero a tan solo dejar un seguro de vida a la familia, el coche, las deudas saldadas, los odios sanados, las heridas perdonadas, los miedos enfrentados, etc.

Escalemos un poco más profundo, hacia el interior de nuestro sentir, hacer, pensar y actuar…

Para muchas personas la muerte no tiene mayor trascendencia más que el fin de las funciones corpóreas y cese de las funciones cerebrales, de ese momento en adelante quizá no hay más vibración para ellos en cuanto a existencia se refiere. Pero ¿qué sucedería si el postulado básico de física se cumple literal: “La materia no se crea ni se destruye tan solo se trasforma”?

De acuerdo con el cuestionamiento anterior, cada energía que se desprende del cuerpo vibraría de acuerdo al último momento en que exhalo aire dentro de estas paredes de tercer dimensión habitada, si esto fuera comprobable o medible estaríamos ante la verdad de saber que muchos de los decesos en la historia de la humanidad han dejado huellas no del todo buenas. Acontecimientos como fantasmas, sucesos parapsicológicos o paranormales, espantos, manifestaciones inexplicables tendrían la luz de la respuesta. Quizá las almas, energías o vibraciones de los ya sin cuerpo tangible intentan pedirnos algo a los vivos, a los ciegos a los que aún no trascendemos. Sin ir tan lejos, considero que la tanatología además de guiar en el proceso de la muerte, su entendimiento y desapego debe ser comprendida como el medio que nos ayuda a visualizar y concientizar el modo en el que hasta este momento hemos vivido, sentido, actuado, vibrado y compartido.

Las muertes súbitas, espontáneas, inesperadas llegan a diario a todo ser sin distinción de estilo de vida, género o edad. El rayo de la muerte cae estrepitosamente sobre el cuerpo y el alma de las personas sin tiempo a nada, tan sólo divide en dos su unidad corpórea: un cuerpo sin signos vitales y un alma aturdida que muy probablemente no sabe a dónde ir. Respetable es el argumento del mundo escéptico, sin embargo, en el conocimiento de diversas culturas, religiones y sectas se promueve el hecho de vivir lo más legalmente posible para poder disfrutar de una muerte digna bajo una economía inteligente de vida espiritual.

La ciencia y la fe comparte el escenario mundial, y aunque para muchos son postulados antagónicos, lo único cierto es que la energía de los difuntos puede retornar y vibrar de modos incomprendidos, es por ello importante crear e infundir la cultura de conciencia que refuerce el proceso del buen morir que se resume en dejar ir, perdonar, restaurar, honrar y agradecer por lo todo bueno que en vida aportaron nuestros difuntos a la existencia. No hay que olvidar que un día nosotros también estaremos del otro lado, quizá tranquilos o quizá desesperados por una oración o un elemento de espiritualidad que nos ayude a llegar a nuestro destino final.   

Lileth Gazelle

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